

constituyó su prenda de ingreso en la Academia, y que , dentro de la falsedad de este género compositivo, ya muestra las buenas dotes del toledano. Se declaran plenamente en su encargo de más empeño y responsabilidad, esto es, en el sepulcro del cardenal Don Luis de Borbón y Vallabriga, trabajando en Roma por 1824 y conservando en la sacristía de la Catedral de Toledo.
negativa a ello de ningún escultor sino por la consciencia mutua de éstos y del presunto modelo de que tal rostro era cualquier cosa menos clásico. Y tampoco presenciaremos un desfile de mediocridades, cual la de sucesores de Vicente López. Hubo mucha mayor selección en los terrenos de la escultura, otro bien que no cabe olvidar. Al comenzar el nuevo siglo vivían todavia los imagineros José Estevez y Ramón Amadeu. Vivía, asimismo, Juan Adán , el aragonés que en su Venus de la Alameda de Osuna legaba todo un digno programa que explotar. Y la Academia de San Fernando, en uno de los momentos más felices de su gestión, cuidaba de la escultura nueva como de una bella criatura merecedora de todos los cuidados. Lo hacía igualmente Escuela de Lonja, de Barcelona, con lo que en este momento desaparece todo otro centro o vivero. Hasta casi nuestro siglo los dos grandes talleres de escultura española serán Madrid y Barcelona.El juramento de los Horacios por David; 1784.
Sacrificio a Vesta por Goya ;1771.
Sacrificio a Pan por Goya; 1771.
El juramento de los Horacios. (Jacques-Louis David) - En el cuadro se refleja el momento en el que los tres hermanos Horacios prestan juramento ante su padre de cumplir con su deber hasta la muerte. Están realizando el saludo romano, consistente en extender el brazo, con la palma hacia abajo. El padre sostiene las espadas de sus hijos, y los exhorta a cumplir con su deber a pesar de sus sentimientos como padre. Las mujeres, a la derecha del cuadro, lloran y se lamentan, saben que perderán a sus hermanos, marido y prometido. El cuadro trata sobre la virtud cívica y el heroísmo, que se antepone al sentimiento y el dolor.
Muerte de Viriato: Madrazo ofrece en esta obra un claro ejemplo de la pintura neoclásica al dar una gran importancia al dibujo, dejando el color a un lado y dando un aire casi escultórico a las figuras. Es un cuadro histórico en honor a Viriato, el célebre guerrillero que luchó contra los romanos que ocupaban la Península Ibérica. 
nidores ignoraban, al parecer, cómo el neoclasicismo fue tendencia de patente y obligada internacionalidad europea en determinado momento y cuánta era la cohesión de las tres bellas artes de esa misma orientación. No creemos que pueda ser valedera la discrimación de que la arqutectura neoclásica fue óptima por haber contado con Villanueva, la escultura aceptable por proporcionar a un Álvarez Cubero o a un Campeni y la pintura rechazable al no ser interpretada sino por los que se supone no pasen de mediocres figurones. Al ser supuesto, han sido mal o peor estudiados , y no otra es la manera de liquidar tajantemente una cuestión. Entretanto, las justas alabanzas a Goya desorbitan y estorban la correcta contemplación de su tiempo. Entendemos que es muy preciso, a la hora de resumir el arte de todo un siglo, reconocer a nuestra pintura neoclásica la elemental justicia que le corresponde y que le ha sido negada por antipatias inocentes, esto es, copiadas desde una página a otra sin demasiado criterio. No se pueden eliminar impunemente treinta años de un siglo por la sola razón de que la estética en ellos imperante no es la nuestra, ni siquiera la de nuestros abuelos. Y, al ser la vigente en una época resultará que el genial equivocado era Goya y no Madrazo, porque las eras se pueden medir por la gestión de las criaturas fuera de serie, sino por las dóciles a la normal rotación del tiempo. La historia de los genios excepcionales no nos sirve para construir relaciones continuas, y , en cambio, sí solicitamos la biografía, bastante más especular, de los humildes. En todo caso, la pintura neoclásica no era ninguna novedad decimonónica, porque ya se habia venido fraguando en varios grados durante la gestión de las academia deciochescas. Precisamente, sus mejores frutos en el siglo que nos importa suelen mostrar mayor efusión y calor del que hubiera cabido antes de 1800, dado que ya se advertía un hábito de romanticismo impalpable e indefinible, pero absolutamente decisivo. La fusión y sus grados son cuestiones demasiado complejas para determinar en cada uno de los actuantes que van a ser recordados y que compondrán un número bastante mayor que el que habitualmente se asigna. Porque concluir que los tres únicos neoclásicos del color fueran Madrazo, Aparacio y Ribera no es sino pura inocencia. Ya veremos que hubo otros, variamente teñidos de nostalgias setecentistas o de modulación romántica, y que por estarlo han merecido menor cantidad de desprecio. En cualquier caso, aqui no se va a defender sino la legitimidad de una adscripición, sin que ello impida alabanzas sentidas y los naturales vejámenes a que debe quedar reducido un viejo tópico. EJEMPLOS DE PINTORES NEOCLÁSICOS:
José Madrazo: Pintó cuadros de temas religiosos e históricos. Inició, junto a José Aparicio, la corriente histórica, pictórica, patriótica, una corriente artistica neoclásica, con base en temas patrióticos. Se enmarca en un estilo clasicista puro. Su estilo se caracterizaba por su extrema teatralidad y por la tématica histórica de exaltación patriótica, siguiendo el modelo de David.
Jacques Louis David: introdujo el neoclasicismo en Francia y fue su máximo exponente. Su neoclasicismo era frío y calculado. Sus temas eran heróicos y patrióticos e iniciaron el camino hacia el romanticismo.
Francisco de Goya y Lucientes: pintor español. Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo.